SENTIR LA HABANA

Las puertas estrechas. Las paredes con escorchones. Los perros cojos.

El olor a calor. La humedad en la piel. El color de las fachadas. Las plantas en los balcones. La música en las motos. En las bicis. En los tuc tucs.

Los charcos de agua. La fruta de la calle. Los mensajes en los cristales. Las ganas de seguir. La manera de hacerlo.

Los zapatos grandes. Las manos que sujetan el turismo. Las ganas de un caramelo. Las uñas acrílicas. Las pestañas postizas.

Las piernas sudando. El maullido que expresa. Los ojos que buscan. El objetivo cumplido. La voz que reclama. Los pies que persiguen.

La leche en polvo. El plátano macho. Los árboles del último piso. Las raíces que cuelgan.

El mojito de un litro y seis rones. El baño sin puerta. El as bajo el brazo. La palabra exacta… o equivocada.

El ritmo lento. La calle que no cesa. Los nervios de la noche. La noche y sus ganas.

El pitido de la bici. El niño que vuelve. Los trajes de colores. Las cartas del tarot.

El jugo de frutas. Las maracas que suenan. El dibujo a la mesa. El papel en la cartera. El giro de llave.

Los números del sudoku. La arena en la cara. Los ojos de las cinco de la mañana. Las tardes en la cama.

El beso que vuelve. La cabeza que piensa. El gato que duerme.

Los pies que bailan. La madre Patria. La langosta al ajillo. El mango frío. El taco de maíz. El café humeante.

El trueno por la tarde. El grifo que gotea. La puerta que no abre.

Las ganas de subir, bajar, irse y volver. Parar, pensar, aprender, girar, correr y llorar. Sentir, sentir… y sentir. Mirar… o no mirar. Volver… o no volver.

La Habana. 1 octubre 2024.