Hace justo un año y veintiocho días se me pasó una idea por la cabeza y entre las mil que tengo a cada hora… a esa decidí hacerle caso.
Y me puse manos a la obra.
Quería celebrar el Día Mundial del Galgo, establecido cada 1 de febrero para concienciar sobre el triste destino que muchas veces sufren, haciendo sesiones de fotos solidarias. Tenía claro que más de la mitad del dinero tenía que ir destinado a alguna asociación.
Y me puse manos a la obra.
Después de una búsqueda de horas y varios correos, dije: «lo tengo, será para SOS Galgos«. Pero quería ir un poco más allá y que todo el que viniese, además de la experiencia y las fotos, pudiera llevarse algo más. Quería buscar colaboradores.
Y me puse manos a la obra.
En su momento, no sé por qué, decidí que serían emprendedores de Segovia y alrededores, gente de esa bonita que me rodea y que pone ilusión en su proyecto. A la iniciativa solidaria se sumaron Cove Román, Yum Baaar y Fuzz-Co. Desde aquí les sigo dando las gracias.
Con todo montado, llegaba el momento de contarlo y darle publicidad para que se pudiera apuntar cuanta más gente mejor y así conseguir un mayor donativo.
Y me puse manos a la obra.
¿Te estás preguntando cuál fue el resultado? Te voy a ser sincera, un poco regulero. Ahora sé los por qués, ahora me atrevo a decir que mi energía debería haber estado puesta en otra cosa y no en eso, ahora sé que toda mi ilusión y esfuerzo no se valoró… y ahora sé muchas cosas.
Pero además de todos esos aprendizajes, esta idea, que para mí fue una súper idea aquel día, me dejó una historia preciosa que todavía me emociona contarla.
Ana, que puedo decir que ya es clienta y amiga, me escribió para participar. Ella quería hacerse fotos con su hija y sus perritos, pero el día que yo había marcado no le venía bien. Lo dejamos pasar pensando en poner una fecha más adelante.
Pero Black comenzó a estar muy malito, le avisaron de que le quedaban sus últimos días de vida y lo primero que hizo fue llamarme: «Rocío, necesito hacerle las fotos antes del lunes, queremos tener este recuerdo con él».
¿Entiendes ahora el valor de cada fotografía que te entrego? ¿Te has parado a pensar por qué estás pagando? Pagas por cada cápsula del tiempo que, aunque ahora tiene un valor incalculable, te aseguro que aumentará según pasan los años. Pagas por esas imágenes que cuentan tu verdad y tu momento.
Y después de esa llamada… una vez más, me puse manos a la obra.
Estaba en Madrid, pero cancelé todos mis planes, reorganicé agenda y el sábado por la tarde Ana y su familia tuvieron su sesión.
Dos días después se tuvieron que despedir de él.
Para mí fue un proceso cargado de emociones, desde esa primera llamada hasta el último mensaje de adiós. También cuando edité las fotos, cuando toqué las copias en papel… y como no podía hacer como si no hubiera pasado nada, quise regalarle a Ana unos llaveritos con sus fotos para que pueda llevarlo siempre con ella.
Gracias, Ana.
Y gracias a todas las Anas que me hacéis partícipe de tantos y tantos momentos.

