Lo digo cada día y es que tengo el trabajo más bonito del mundo.
Con la fotografía…
He viajado y descubierto rincones a los que jamás hubiera llegado de otra manera haciendo de ellos los miradores más bonitos del mundo.
Me ha abierto puertas a Amaral, Extremoduro, Pablo Alborán, Pasión Vega, David Bustamante, Ana Guerra… y un sinfín de artistas nacionales e internacionales.
He volado más de 10 veces en globo, y sigo haciéndolo cada vez que tengo un día libre.
Me ha hecho emocionarme mientras fotografiaba a bebés llegando al mundo en mitad de un momento tan salvaje y potente.
Me ha hecho valorar la vida y a los nuestros.
Me ha hecho ser cómplice de pedidas de matrimonio, de sorpresas en bodas, cumpleaños…
Y entre la lista que podría ser interminable de cosas bonitas que me han pasado… ¿Cuál es la última?
¡Se han tatuado una de mis imágenes!
Al finalizar uno de los reportajes de Navidad me dijo una mamá: «Quiero tatuarme a mis niños, les he hecho mil fotos pero no encuentro ninguna que me guste para convertirla en tatuaje. A ver si de esta sesión ha salido alguna foto bonita».
¿Te imaginas mi cara?
¿Y que pasó una semana después cuando me envió la foto?
De verdad, GRACIAS.
Porque yo tengo el trabajo más bonito del mundo, pero todos los que estáis al otro lado hacéis de este viaje una aventura inolvidable.

